Elijo salir del pasado

En estos días fui al cine a ver una película cuyo tema central gira en torno a una decisión importante: con quién compartir la eternidad y como suele ocurrir en estas historias, tiene que elegir entre dos opciones. Pero más allá de la trama principal, hubo una escena que se me quedó grabada.

La protagonista, Joan, entra una y otra vez a un pabellón donde puede revivir escenas de su pasado. No entra ahí por accidente. Entra por voluntad propia. Se queda viendo, repitiendo, repasando su historia. 

Ese pabellón siempre está disponible. No importa qué camino elija ni en qué realidad decida estar, el acceso al pasado permanece abierto.

Para mí, esa escena funciona como una representación muy clara de algo que nos sucede sin que nos demos cuenta. Entramos una y otra vez al pabellón del pasado, de forma sutil e imperceptible, como suelen operar las trampas del ego.

En algún momento, el hombre encargado de ese pabellón le advierte algo clave, no toques los objetos ni a las personas, no son reales.

Ahí se vuelve claro algo importante. No podemos reconocer el efecto que tiene en nosotros vivir en el pasado. Lo sentimos real, como si estuviera ocurriendo ahora mismo, y no advertimos que estamos viendo una proyección de algo que sigue pendiente en la mente.

Así, una experiencia del pasado, por ejemplo: 

no haber sido vistos, escuchados o atendidos por papá, por mamá, o por ambos, aunque ya no sea real porque pertenece al pasado, continúa operando con fuerza, solo que ahora aparece en las relaciones actuales, en la vida cotidiana, en la manera en que interpretamos lo que sucede.

En el libro de ejercicios de Un Curso de Milagros se nos confronta con esta idea de forma directa, “Solo veo el pasado.” Es una lección que puede entenderse con relativa facilidad desde la teoría, pero que toma tiempo integrar con claridad en la práctica diaria.

Puedo identificarme con Joan. Puedo verme entrando a ese pabellón del pasado con facilidad. Estar verdaderamente presente ha sido, y sigue siendo, un gran reto para mí. 

El Curso explica que anteponemos nuestras interpretaciones y nuestro pasado a todo lo que vemos, a cada cosa y a cada relación.

Para mí, hoy, no se trata de dejar de entrar por completo al pabellón del pasado. Se trata de algo más sencillo, estar más vigilante y más atenta a mi elección.

Eso es lo que puedo hacer por ahora, y eso es lo que hoy vengo a proponerte. Reconocer cuando antepongo el pasado a lo que está ocurriendo ahora. Identificarlo. Y preguntarme:

¿Estoy viendo lo que es, o lo que sigo cargando de mi pasado?

Desde ahí, abrir la posibilidad de tomar otra decisión.

Tal vez estos pequeños pasos conscientes, practicados una y otra vez, sean los primeros movimientos para abandonar de manera voluntaria el pabellón del pasado.

Solo hacer una pausa.
Identificar dónde estoy.
Y elegir salir.

Moronita a moronita, que encontremos el camino de regreso a la paz.